PONENCIA*

Por: Madeline Román**

Deseo iniciar esta intervención con una cita de Milán Kundera de su novela La insoportable levedad del ser y otra de la obra del filósofo Paolo Virilio. Plantea Kundera que, cuando una conversación entre dos amigos sobre una taza de café es transmitida por la radio, ¿qué otra cosa uno puede pensar, sino que el mundo entero se ha convertido en un campo de concentración?[1] Más adelante, y con los años, me topé con una cita de Paolo Virilio que dice “ya es tarde para tener una vida privada . . .”.[2] Ambas citas son importantes pues nos convocan a ponderar el asunto que nos ocupa, la cuestión de la pornovenganza, en el marco de una reflexión sobre el mundo de la comunicación intensificada, las sociedades de control técnico y lo que están siendo sus efectos en nuestros imaginarios de lo público y de lo privado.

I. Sociedad de control técnico y autoalumbramiento

Para Jean Baudrillard, el sueño de la técnica es la iluminación total de todos los espacios.[3] Esta iluminación ha provocado el que los espacios de intimidad sean cada vez más limitados y que el autoalumbramiento/autoexposición sea cada vez más profundo.[4] Al decir de Amador Saavedra, este “autoalumbramiento es lo que permite que las líneas de poder que actúan” en la sociedad de control técnico sean cada vez “más difíciles de detectar”.[5] No se trata ya de un poder de arriba hacia abajo, sino de un poder que se desplaza transversalmente a todo lo largo y ancho de lo social y del cual participamos todos. Es en el contexto de la presencia de este tipo de poder que David Lyon plantea surveillance is us (la vigilancia somos nosotros) como una manera de comunicar nuestra autocomplacencia con este nuevo estado de cosas.[6] Tiene que sernos significativo que “la gran mayoría de las imágenes intimas [utilizadas en los casos de pornovenganza]. . . se originan como selfies”.[7] Valga por lo que esto nos dice respecto de un imaginario que supone que estamos “asediados por la tecnología” cuando es evidente que se trata de lo contrario, que estamos encantados con la tecnología pues, al decir de Lyon, lo cierto es, que en la nueva cultura de la vigilancia, nos hemos instalado en el placer de ser vistos, de ser observados, de estar en una pose perpetua, como esos jóvenes que se la pasan día y noche haciéndose selfies de cara, de nalgas, de boca, de frente, de espaldas, de lado, de su mejor lado, de su mejor ángulo.[8] Lo que otrora fuese el estigma de la desnudez y la sacralidad del cuerpo, da paso al cuerpo/pose y al cuerpo/espectáculo. Se trata de una cultura en el que el deseo de ver, de observar al otro, se eleva al rango de derecho, the right to look, el derecho de ver, por lo que, quizás, la cuestión de fondo no está del lado de quien se filma o se toma la foto ni tampoco de quien la sube sino de la violencia de toda una colectividad en su insaciable deseo de ver. “[S]omos mirados, lo queramos o no… [Pero] ser mirado puede ser también el objeto de una expectativa, de una demanda: la de ser visto”.[9] De ahí la complicidad de todos (víctimas/victimarios y victimarios/víctimas) dentro de esta complejidad contemporánea.

A otro nivel, y en el contexto de lo que fueron los primeros intentos de criminalización de la práctica de bajar productos culturales cercados por las leyes de propiedad intelectual, Mark Poster se preguntaba: ¿por qué tendrían que dejar de hacerlo teniendo una tecnología tan a la mano?[10] Algo similar podríamos plantearnos respecto de la práctica nombrada como pornovenganza. Es decir, hay un modo de ser en la tecnología que ha extendido y ahondado su presencia en lo social a tal punto que forma parte ya de la cotidianidad de amplios sectores poblacionales por lo que el sentido de su criminalización tendría que ser cuestionado.[11] Al decir de Ganaele Langlois y Andrea Slane, las implicaciones de este “ser en la tecnología” supone también conceder a que “a más aspectos de nuestras vidas no son libremente comunicados por nosotros mismos sino que son automáticamente recolectados por la grabación de nuestras prácticas online”, la dimensión no consentida de la pornovenganza constituye otra expresión del operar de una economía de las subjetividades y de los afectos en los que gran parte de la información que circula no es algo a lo que, de todos modos, hayamos consentido.[12]

 II. Lo porno no está donde lo imaginamos

El trayecto de las sociedades de control técnico ha transformado también el sentido de lo obsceno y/o lo pornográfico. Los sujetos se van produciendo a través de las imágenes que crean y exponen para el libre consumo de los otros transformando progresivamente nuestros imaginarios de lo público y de lo privado. Hay quienes plantean que se ha producido ya una suerte de pornografía del planeta (no existe ya ningún lugar que esté oculto a las imágenes satelitales). Esto es, las imágenes se hacen transparentes cuando, liberadas de todo sentido, se vuelven pornográficas: contacto inmediato entre la imagen y el ojo humano.

Según como para Jean Baudrillard, la pornografía es el estereofónico del sexo,[13] el fenómeno de la Internet y el ciberespacio se han convertido en el estereofónico de lo social contemporáneo. Mientras en sociedades con menos desarrollo de la técnica, los conflictos de pareja, las rupturas, los llamados daños a la reputación de las personas, se tramitaban en el chisme boca a boca del vecindario, ahora estos se tramitan en ese estereofónico de lo social que es el ciberespacio. Se trata de un social en el que la imbricación imagen/intimismo alcanza nuevas dimensiones que suponen también la erosión de lo que en su momento se pensó como la sacralidad del cuerpo. Si la gente graba o toma fotos de los paseos, de los paisajes, de los animales, de los bebés, de los bebés con perros, de la comida, de los cuerpos sufrientes, de los familiares en estado agónico, de los muertos, ¿que podría impedir que esta disposición se trasladase al sexo y a los cuerpos?  De ahí que, al decir de muchos juristas, resulte cada vez más difícil distinguir entre lo que es sexualmente obsceno, sexualmente explícito y pornográfico.[14] La Internet ha intensificado esta dificultad pues se inserta en una contemporaneidad en la que la pornografía ya no pertenece al orden del deseo sino al de la metástasis de las imágenes.

III. Feminismo antipornografía y nuevos tiempos

Hay quienes entienden que, en la pornovenganza, el problema es el porno. Para el feminismo antipornografía “a lo Catherine McKinnon”, la pornografía constituye una expresión de la cultura masculina en la que las mujeres son sistemáticamente objetificadas y explotadas. Se trata de un feminismo que no considera que hay pornografía gay, pornografía lésbica, pornografía de inspiración feminista,[15] consumo y disfrute de pornografía por mujeres comunes y silvestres e incluso por aquellas que se nombran feministas. Se trata de un feminismo que no reconoce que la consigna de que la mujer tiene que tener el control de su propio cuerpo y de sus decisiones tendría que ser asumida hasta sus últimas consecuencias. Esto es, hasta conceder a la pornografía como una opción no coercitiva tanto del lado de las mujeres que participan en la pornografía como de aquellas que la consumen y que cada mujer es la única que puede definir lo que considera degradante o no para su vida.[16]

Por otro lado, el significante porno utilizado en pornovenganza es, a mi modo de ver, un significante desatinado sobre todo porque, las fotos o videos que tienden a ser circuladas no son “técnicamente” pornografía en la medida en que las mismas remiten a un contexto de intimidad erótica/sexual de una pareja “X”. Lo porno es el efecto producido por el zoom de la cámara y su observación cibernética masiva, si bien, en este caso, y paradojalmente, esta circulación no parece ir dirigida a la incitación sexual sino a la humillación del otro.[17] A otro nivel, el concepto de pornovenganza cubre un espectro muy diverso de asuntos que, a mi modo de ver, tendrían que ser ponderados separadamente: casos singulares donde la intención es la venganza, industrias completas -bien llamadas porno– cuya intención es la ganancia y casos donde el propósito es el entretenimiento.

Si bien gran parte de los esfuerzos jurídicos han ido dirigidos a intervenir con el “originador-pornovengador” lo cierto es que son industrias bien armadas las que han producido una economía política de la reputación, las subjetividades y los afectos destinados a la ganancia y son estas las principales responsables tanto de la reverberación de las imágenes como de la violencia colectiva que se desata. Aquí es donde estriba, a mi modo de ver, el principal problema.[18]

IV. La paradoja de la puerta giratoria: Venganza contra venganza

La venganza es un contragolpe defensivo cuya intención es provocar en el otro el mismo dolor o el mismo daño sentido, “dolor recibido, dolor provocado”.[19] Puesto de esta manera, y auxiliándonos con el discurso psicoanalítico, diríamos que el drama que se libra aquí tiene que ver con la respuesta a una herida narcisista (en este caso del victimario que toma venganza) que se junta y que se nutre de la paradoja de un sistema jurídico que, sosteniéndose sobre la venganza pública y ritualizada de las leyes, criminaliza la venganza misma, activa venganza contra venganza.[20] La desnudez contemporánea del Derecho tiene que ver con el reconocimiento de su propia violencia, el reconocimiento de que este no es otra cosa que una violencia entre muchas otras. Entre el pornovengador y el Derecho lo que hay es una relación en espejo, una misma voluntad de poder, un pulseo entre un patriarcalismo singular y el patriarcalismo de Estado.

 V. El remedio no tiene que ser penal

Al decir de Niklas Luhmann, la inercia de la legislación consiste en ocupar cada vez más espacios, casi nunca renunciar a un campo que ha sido puesto bajo su custodia.[21] Si bien el derecho al olvido, the right to be forgotten,[22] podría constituir un remedio jurídico a ser explorado, remedios más efectivos podrían producirse desde la autopoiesis[23] del sistema social en su conjunto o bien de otros subsistemas. Hay algo de esto en los esfuerzos de diversidad de redes sociales, notablemente Facebook,[24] y su proyecto piloto desarrollado en Australia dirigido a proveer un cierto control a las víctimas, y la aplicación japonesa Rumuki,[25] dirigida a controlar la diseminación de los videos sexuales que se tome una pareja. Lo hay también en las guerras culturales activadas por mujeres en su carácter singular o colectivo dirigidas a la producción de contradiscursos en plataformas en línea haciendo uso del arte, la sátira, el humor, su propio cuerpo.[26] Mi opción es apostar a este porvenir extrapenal.


* Ponencia dictada en el conversatorio de la Revista Jurídica de la Universidad de Puerto Rico titulado “Revenge porn: Remedios y contornos jurídico-sociales”, celebrado el 24 de enero de 2018 en la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico.

** La autora es profesora en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. PhD (Sociología), State University of New York at Albany (1984); MA (Sociología), State University of New York at Albany (1980); BA (Sociología), Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras (1979).

[1] Milán Kundera, El alma y el cuerpo, en LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER 4 (Fernando Valenzuela, trad., Tusquets Editores 9na ed. 2002) (1984).

[2] PAUL VIRILIO, LE GRAND ACCÉLÉRATEUR 31 (2010) (traducción suplida) (“C’est certain, il est désormais trop tard pour avoir une vie privée . . .”).

[3] JEAN BAUDRILLARD, LE CRIME PARFAIT 81 (1995).

[4] La transparencia es una coacción sistémica que se apodera de todos los sucesos sociales y los somete a su propia dinámica.

[5] JUAN A. AMADOR SAAVEDRA, PANÓPTICO DIGITAL, SEGURIDAD Y VIGILANCIA VS DERECHOS FUNDAMENTALES: INTIMIDAD Y LIBERTAD 48 (2015), http://repository.usta.edu.co/bitstream/handle/11634/9414/AmadorJuan2015.pdf?sequence=1.

[6] Véase David Lyon, David Lyon – Surveillance Cultures, September 2011, YOUTUBE (30 de septiembre de 2011) https://www.youtube.com/watch?v=kWd-lRlvJU4; Madeline Román, David Lyon on the culture of surveillance, OBSERVATORIO MÓVIL, http://www.observatoriomovil.com/david-lyon-on-the-culture-of-surveillance.html (última visita 3 de febrero de 2018).

[7] Carrie Goldberg, Seven Reasons Illinois is Leading the Fight Against Revenge Porn, CYBER CIVIL RIGHTS (31 de diciembre de 2014), https://www.cybercivilrights.org/seven-reasons-illinois-leading-fight-revenge-porn/ (traducción suplida).

[8] Véase TEDx Talks, Social Media Surveillance: Who is Doing It? David Lyon at TEDxQueensU, YOUTUBE (27 de abril de 2013), https://www.youtube.com/watch?v=_hX1r2Tbv5g.

[9] AMADOR SAAVEDRA, supra nota 5, en las págs. 52-53 (citando a GÉRARD WAJCMAN, EL OJO ABSOLUTO 244 (Irene Agoff, trad., Manantial 2011) (2010)).

[10] Véase MARK POSTER, WHAT’S THE MATTER WITH THE INTERNET? 39-43 (2001).

[11] Las objeciones a la criminalización de la pornovenganza ya han sido ampliamente discutidas. Estas cubren un espectro que va desde los problemas de las legislaciones extremadamente amplias o extremadamente estrechas hasta lo problemático y errado del binarismo libertad de expresión versus violencia de género. Véase Sarah Jeong, Revenge Porn is Bad. Criminalizing It Is Worse, WIRED (28 de octubre de 2013), http://www.wired.com/2013/10/why-criminalizing-revenge-porn-is-a-bad-idea/.

[12] Ganaele Langlois & Andrea Slane, Economies of reputation: The case of revenge porn, 14 J. COMM. & CRITICAL/CULTURAL STUD. 120 (2017) (traducción suplida).

[13] Véase JEAN BAUDRILLARD, SEDUCTION 28-36 (Brian Singer, trad., New World Perspectives 1990) (1979).

[14] Véase las expresiones del abogado y profesor Carlos Ramos González en: Adriana De Jesús Salamán, La pornografía más allá de los epítetos, DIÁLOGO UPR (21 de septiembre de 2016), http://dialogoupr.com/la-pornografia-mas-alla-de-los-epitetos/.

[15] Para diversidad de productoras de cine porno, es posible una pornografía feminista pues las mujeres deberían tener el poder de perseguir sus placeres. Una pornografía de corte feminista se centraría en el placer de las mujeres y en el respeto mutuo en la cama. Véase Can porn be feminist? These woman directors say yes, if it’s honest, respectful and authentic, SOUTH CHINA MORNING POST (8 de junio de 2017), http://www.scmp.com/lifestyle/article/2097260/can-porn-be-feminist-these-woman-directors-say-yes-if-its-honest.

[16] Véase Wendy McElroy, A Feminist Defense of Pornography, 17 FREE INQUIRY 3 (1997), http://jlampl.net/A%20Feminist%20Defense%20of%20Pornography.pdf.

[17] También por aquí el significante resulta ser desatinado.

[18] Estas industrias son las que crean las páginas web desde donde se desata la violencia contra la víctima, propician/promueven el desplazamiento de los usuarios hacia otras páginas web beneficiándose económicamente de ello y producen las industrias que luego se dedican a “limpiar las reputaciones”. Véase Langlois & Slane, supra nota 12.

[19] Luis Felipe Oyarzun, Nietzshe y la redención del espíritu de la venganza, en NIETZSHE CONFERENCIA INTERNACIONAL: EL DEVENIR DE LA VIDA, ACTAS 5 (2010), https://www.academia.edu/13349526/Nietzsche_y_la_redenci%C3%B3n_del_esp%C3%ADritu_de_la_venganza (última visita 2 de febrero de 2018).

[20] Porque el castigo es venganza o bien porque, como es planteado por Michel Foucault, el Derecho no cancela la venganza, sino que se constituye en la forma ritual que asume la misma. Véase MICHEL FOUCAULT, LA VERDAD Y LAS FORMAS JURÍDICAS 57-58 (Enrique Lynch, trad., Editorial Gedisa 1996) (1978).

[21] Véase NIKLAS LUHMANN, INTRDUCCIÓN A LA TEORÍA DE SISTEMAS, LECCIONES PUBLICADAS POR JAVIER TORRES NAFARRATE 45-60 (Universidad Iberoamericana 1996). Si bien es posible decir que el sistema legal responde a lo que están siendo las demandas de legislación de amplios sectores poblacionales, cabe preguntarse hasta qué punto es necesario o bien deseable legislar toda la conflictividad social. Sobre todo, porque tanto el sistema social en su conjunto como los demás sistemas de funciones (o subsistemas) tienen capacidad de autoregularse. Esto es, capacidad de identificar lo que es información/comunicación relevante para estos, reestructurarse y echarse a andar a partir de esta.

[22] El 13 de mayo del 2014, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictó la sentencia que se conoce como derecho al olvido. Se reconoce el derecho de una persona de solicitar a los buscadores que eliminen los resultados que contengan sus datos personales. Véase La Imilla Hacker, Derecho al olvido, EL DESARMADOR (9 de octubre de 2017), https://eldesarmador.org/13-derecho-al-olvido.html.

[23] Autopoiesis es la capacidad de los sistemas de segunda generación (aquellos sistemas que tienen autoreferencialidad o bien capacidad de autoobservarse) de reproducirse desde sus propias operaciones y de identificar aquella comunicación que les sea relevante, bien sea proveniente de su entorno (el sistema social en su conjunto u otros subsistemas), bien sea proveniente del interior del sistema mismo.

[24] Véase Olivia Solon, Facebook asks users for nude photos in project to combat ‘revenge porn’, THE GUARDIAN (7 de noviembre de 2017), https://www.theguardian.com/technology/2017/nov/07/facebook-revenge-porn-nude-photos.

[25] Véase Sara Ashley O’Brien, Can a prenup for sex tapes keep you safe?, CNNMONEY (15 de febrero de 2017), http://money.cnn.com/2017/02/15/technology/rumuki-revenge-porn/index.html.

[26] Por ejemplo, la joven reportera danesa, Emma Holten, echó a circular online una serie de fotos de desnudos suyos en respuesta a haber sido víctima de pornovenganza. Su opción fue producir un contradiscurso cuya intención fue comunicar que la diferencia entre esos desnudos suyos y la pornovenganza es el no consentimiento y las maneras en que la pornovenganza descansa en la construcción social de la mujer mala producida por el propio sistema de dominación masculino. Véase Emma Holten, la joven que se desnudó para protestar contra el porno vengativo, 20 MINUTOS (21 de enero de 2015), http://www.20minutos.es/noticia/2353563/0/joven-desnuda/protesta/porno-vengativo/. Véase también, Jorge Branco, Funny doodles help women fight online sexual harassment, BRISBANE TIMES (3 de julio de 2015), https://www.brisbanetimes.com.au/national/queensland/dick-pics-sexual-harassment-and-funny-drawings-20150630-gi1ti5.html; Frida Leander, Resisting #assholesonline – feminist activism against online sexual harassment #NEWMEDIAACTIVISM (9 de octubre de 2017), http://wpmu.mah.se/nmict172group5/2017/10/09/resisting-assholesonline-feminist-activism-online-sexual-harassment/; Dan Tynan, Revenge Porn: The Industry Profiting from Online Abuse, THE GUARDIAN (26 de abril de 2016), https://www.theguardian.com/technology/2016/apr/26/revenge-porn-nude-photos-online-abuse.

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