COMENTARIO

Por: Oscar J. Bezares Lamboy*

El huracán María ha develado que, ante la incapacidad del Gobierno de atender las necesidades de grandes sectores de la sociedad, los propios ciudadanos y las entidades sin fines de lucro (el llamado tercer sector) fungen como una pieza medular en la recuperación del País. Durante los pasados meses, miles de puertorriqueños pertenecientes a organizaciones sin fines de lucro iniciaron labores de socorro y apoyo en lugares donde el Estado no fue capaz de llegar por mucho tiempo.[1] La comunidad jurídica, por ejemplo, se integró a las labores del tercer sector ofreciendo asesoría legal gratuita sobre los trámites ante el Federal Emergency Management Agency (F.E.M.A.) y realizando brigadas de apoyo para los afectados.[2] Se estima que alrededor de 200,000 personas se unieron a organizaciones comunitarias de impacto directo cuyo resultado fue la contribución de 4,600,000 horas de trabajo voluntario.[3] Ello, es caracterizado como autogestión ya que fueron los miembros de la sociedad quienes, en lugar de esperar por que el Gobierno actuara, tomaron en sus manos la diligencia de estas tareas. Para fines de este escrito, la autogestión es aquel proceso mediante el cual se desarrolla la capacidad individual o de un grupo para identificar sus necesidades básicas y -luego de identificadas- se les sitúa en la posición de tomar un rol activo en resolver las mismas.[4]

Para promover el proceso de autogestión, el tercer sector se presenta como el punto medio entre lo público y lo privado. El tercer sector consolida los intereses de los ciudadanos en promover el bienestar general y, a su vez, suple la inefectividad del gobierno de responder a las necesidades de sus ciudadanos.[5] De esta manera, este sector promueve el empoderamiento de la ciudadanía para realizar labores que, desde la instauración del estado benefactor, se entendía que no le correspondían: se trata de un enfoque basado en la libre organización y participación para la satisfacción de sus propias necesidades.[6] Así, fomentando la democracia participativa, la planificación y el desarrollo sustentable, el tercer sector desarrolla el proceso de autogestión.[7]

La participación de la ciudadanía en el tercer sector proporciona una serie de beneficios que quedaron aun más latentes luego del reciente desastre. Debido a que los individuos que participan como voluntarios no están sometidos a las mismas obligaciones que el Gobierno (quien tiene que atender otros asuntos de emergencia), estos pueden comenzar a ayudar a los demás ciudadanos tan pronto culmina una catástrofe. Por tanto, al no sufrir los escollos burocráticos que caracterizan al Gobierno, el tercer sector resulta ser una alternativa mucho más eficiente, es capaz de responder con mayor rapidez y flexibilidad a los cambios.[8]

Como respuesta al huracán María, el noventa y cinco por ciento de las organizaciones sin fines de lucro modificó su oferta de servicio para atender a los damnificados.[9] Organizaciones que tradicionalmente se dedican a la educación, servicios sociales, protección del ambiente, actividades culturales, vivienda, servicios de salud, recreación y deporte, entre otros, unieron esfuerzos en pos de la recuperación post-María. El resultado fue la rehabilitación de 120 unidades de vivienda, la entrega de 2,929 generadores de electricidad, la instalación de 68,000 toldos, el que 83,043 personas recibieran servicios de salud, la repartición de 215,128 artículos de higiene, la distribución de 996,928 compras de alimentos y la donación de más de 1,500,000 platos de comida caliente.[10]

Ahora bien, para que las organizaciones del tercer sector puedan proveer la ayuda a la que aspiran, deben lograr captar la atención de donantes y participantes voluntarios de tal manera para poder sufragar su funcionamiento.[11] El Estado, consciente del beneficio que acarrea este sector, intenta otorgarle un trato fiscal privilegiado. Por ejemplo, al tercer sector se le exime de tributación por ingresos que se deriven de sus operaciones. La idea es que la falta de ingresos que ocurre como consecuencia de la exención se vea reparada por la liberación de parte del Estado de cumplir con la responsabilidad pública que asume la organización.[12] Un estudio realizado en el 2015 reveló que una de cada cinco organizaciones sin fines de lucro mantiene algún contrato con el Gobierno para la ejecución de cierta labor de transformación social.[13] Esa misma investigación documenta que por cada dólar que el Gobierno transfiere a organizaciones sin fines de lucro que brindan servicios de salud, equivale a siete dólares que tendría que invertir el propio Estado para obtener el mismo resultado.[14]

Ante ello, es necesario que el Estado desarrolle un plan que permita dispensar mayores recursos al tercer sector en caso de que, a raíz de otra catástrofe como el huracán María, sea necesario redirigir sus labores para colaborar con los esfuerzos de estas entidades. De esta manera, no solo se aseguraría este importante refuerzo para lograr la recuperación, sino que se haría con mayor eficiencia. De igual forma, en aras de acrecentar la efectividad del tercer sector, resulta indispensable que el Gobierno trabaje junto a las organizaciones sin fines de lucro para identificar de antemano hacia dónde se podrían enfocar los esfuerzos del tercer sector como parte del programa de contingencia ante desastres.[15] Así, se evitaría la redundancia de esfuerzos y permitiría establecer un plan concertado, a corto, mediano y largo plazo que resulte en el máximo beneficio para las comunidades vulnerables.

Ante la desolación causada por el desastre y la aparente inercia del Estado, la ciudadanía, utilizando como vehículo el tercer sector, incurrió en la autogestión para resolver los problemas que afectaban su entorno. Sin duda alguna, las organizaciones que componen el tercer sector demostraron ser sumamente eficientes y flexibles para lidiar con una situación de proporción tan catastrófica como lo fue el huracán María. Resulta imperativo que, como parte del plan de contingencia del Estado, se tome en cuenta el papel crucial que juega el tercer sector en crear un país resiliente.


* El autor es Redactor Digital de In Rev y estudiante de segundo año en la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico.

[1] Keila López Alicea, Las organizaciones sin fines de lucro ayudaron a un millón de afectados, EL NUEVO DÍA (25 de marzo de 2018), https://www.elnuevodia.com/noticias/locales/nota/lasorganizacionessinfinesdelucroayudaronaunmillondeafectados-2409171/.

[2] Proveen apoyo legal gratuito a personas afectadas por María, EL VOCERO (6 de octubre de 2017), https://www.elvocero.com/actualidad/proveen-apoyo-legal-gratuito-a-personas-afectadas-por-mar-a/article_5edffef2-aa96-11e7-9384-db1937289bb1.html; Jean-Carlo A. Pérez Nieves, Reseña: La Revista Jurídica de la Universidad de Puerto Rico se une a los esfuerzos de ayuda a damnificados por el paso del huracán María (20 de octubre de 2017), http://revistajuridica.uprrp.edu/inrev/index.php/2017/10/20/la-revista-juridica-de-la-universidad-de-puerto-rico-se-une-a-los-esfuerzos-de-ayuda-a-damnificados-por-el-paso-del-huracan-maria/.

[3] López Alicea, supra nota 1.

[4] Angélica Martínez Díaz, Desde mi escritorio para las comunidades de Puerto Rico: Autogestión comunitaria, DESARROLLO DE LOS RECURSOS DE LA COMUNIDAD 1-2 (2013), http://www.uprm.edu/cms/index.php?a=file&fid=6056.

[5] Carlos E. Díaz Olivo, La revolución asociativa: Triunfo y consolidación del tercer sector, 76 REV. JUR. UPR 307, 314 (2007).

[6] Id. en la pág. 311.

[7] Adriano Brivio Borja, La autogestión comunitaria, GESTIOPOLIS (27 de febrero de 2001), https://www.gestiopolis.com/la-autogestion-comunitaria/.

[8] Díaz Olivo, supra nota 4, en la pág. 317.

[9] López Alicea, supra nota 1.

[10] Id.

[11] Díaz Olivo, supra nota 4, en la pág. 319.

[12] Id. en la pág. 321.

[13] Ayeza Díaz Rolón, Tercer sector: Difícil levantarse sin ayuda del gobierno, EL VOCERO (5 de marzo de 2018), https://www.elvocero.com/gobierno/tercer-sector-dif-cil-levantarse-sin-ayuda-del-gobierno/article_fd57d4d8-205c-11e8-a328-d7c6c5fe15a6.html.

[14] ESTUDIO DE LAS ORGANIZACIONES SIN FINES DE LUCRO EN PUERTO RICO 2015: EVOLUCIÓN DEL TERCER SECTOR ANTE LAS REALIDADES DE UN PUERTO RICO DIFERENTE 81-82 (2015), http://flamboyanfoundation.org/wp/wp-content/uploads/2015/05/Informe-Final-Estudio-OSFL-2015.pdf.

[15] John Travis Marshall & Ryan Max Rowberry, Urban Wreckage and Resiliency: Articulating a Practical Framework for Preserving, Reconstructing, and Building Cities, 50 IDAHO L. REV. 49, 56 (2014).

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