ENSAYO

Por: Valerie K. Cruz Negrón*

Desde que las velas de cumpleaños anunciaban mi octava vuelta al sol, recuerdo la famosa pregunta… Aún retumba en mi conciencia el: “¿qué vas a ser cuándo grande?” de mi abuela y el: “tienes que escoger una carrera para hacer el proyecto de la escuelita”de mi madre. Doctora, enfermera, cantante, actriz, abogada; las posibilidades eran infinitas, demasiado infinitas diría yo. Pero todos estamos de acuerdo con que la educaciónes la base del colectivo social, lo que nos une, lo que nos crea. De donde todas éstas maravillosas ocupaciones nacen en primer lugar, de donde nace la tan aterradora pregunta que expuse anteriormente. 

Pero, así como crea, la educación, como cualquier fuerza mundial; tiene la facultad de destruir. Eso es exactamente lo que sucede cuando se nos educa a base de filtros: libros filtrados, currículos filtrados, facultades, nociones y mentes filtradas; el sistema sirve como molde y nuestras mentes la masa. A veces siento que el sistema de educación, el que tiene como responsabilidad fomentar toda esta noción de lo que es aprender, nos falla. Los libros de texto que vierten sobre nuestra consciencia el conocimiento filtrado por el tiempo y las circunstancias nos dicen que “los indígenas murieron por enfermedades” pero no nos dicen que los españoles las trajeron, nos dicen que “los Estados Unidos vinieron para salvarnos” pero no nos dicen que al llegar devaluaron el peso de plata a casi la mitad de su valor, creando un efecto dominó en nuestra economía y asegurando esa dependencia interminable entre Puerto Rico y los ‘héroes’ americanos. No se nos educa de manera concisa acerca de nuestra historia como puertorriqueños y queda claro que: MERECEMOS EL DERECHO A UNA EDUCACIÓN SIN FILTROS. 

La estandarización del sistema educativo es otro agente contaminante que quiebra al estudiantado y protege el famoso filtro del que les hablé anteriormente. Así como pienso yo, piensan miles de jóvenes que, al abrir el panfleto de una prueba estandarizada, se mueren de ansiedad. Preguntándose qué será de ellos cuando su futuro, único e incomparable con el de cualquier otro joven, se define con una simple cifra que proviene de la misma prueba que evalúa a un colectivo con distintasnecesidades y condiciones.  Ese precisamente es el problema con el sistema educativo, TODO es una cifra. Todo lo queremos simplificar en números. 

Para el sistema soy un número de SIE y en el salón de clases un porciento. Porque para ser considerada brillante debo que tener calificaciones perfectas. Porque en algunas clases, mi educación en pleno siglo 21 depende de libros que tienen más de una década y, por consiguiente, están desactualizados y no van acorde a la necesidad del estudiante. Porque para ser buena alumna, tengo que hacer silencio y obedecer. Nos graduamos de escuela superior como productos para la sociedad, salimos nuevos de paquetedesde una fábrica donde somos bañados en una mezcla de estándares y sazonados con la capacidad de obedecer sin cuestionar; nos graduamos, la gran mayoría, perdidos entre las líneas del alzhéimer histórico. 

El sistema y la sociedad nos crean y en cierto punto, como productos, se nos exige vivir a base de lo siguiente: debes vivir entumecido, ignorante, votar por el azul o el rojo y entrar en negación cada primero de mayo; el bipartidismo a flor de piel. Porque en mi escuela no hay papel de baño, pero la Comisionada Residente tiene una nueva guagua valorada en unos $80,000. Porque mi maestra de química no tiene los materiales necesarios para enseñar su clase de manera eficaz, pero Julia Keleher ganaba $250,000 al año hace menos de un mes. No quiero que se me malinterprete, creoen la educación, pero noen el sistema. Creo en la escuela, noen sus métodos. La educación tiene el poder de mover mentes y sacudir almas, pero; si la educación acerca de los hechos que nos formaronno es real, ¿qué se puede esperar de nosotros como pueblo? ¿Qué se puede esperar? Si se nos priva nuestra propia historia. Toda esta enajenación, desde la conquista, ha quebrantado los aspectos sociopolíticos, culturales y económicos del país.  

Luego de este largo viaje por la vereda del cuestionamiento, me siento obligada a volver al monstruo debajo de la cama, a la famosa pregunta, a la creadora de cuestionamientos existenciales. Odio cuando me preguntan qué pienso ser cuándo ‘grande’, pero cuando estoy sola, las cortinas cierran, el sol baja y el día termina la pregunta se cuela entre las paredes de cemento y me cuestiono: ¿qué deseo ser? He llegado a la siguiente conclusión: deseo, como dice mi amiga Julia de Burgos: “estar hecha de presentes” deseo ser el ahora, pero vivir inmersa en conocimiento acerca del pasado de mi patria, sinfiltros. Es inútil querer saber acerca del futuro si no tenemos firme el suelo del presente, todo por no saber dónde realmente estuvo el pasado, NUESTRO pasado. ¿Cómo debo saber dónde estoy pisando si no sé dónde he pisado anteriormente? Silverio Pérez en su libro La vitrina rota o ¿qué carajo pasó aquí? muy bien expone la siguiente postura: “[e]ducándonos y entendiendo nuestra historia y el por qué hemos llegado a donde hemos llegado podemos contribuir a esa nueva toma de conciencia”.1

En conclusión, estoy segura de que la educación y concientización realacerca de nuestro pasado es la llave para liberar toda esta represión, represión que ha ocasionado este gran problema de identidad que vivimos los puertorriqueños día a día desde el 1898. Finalizo con esto: en tiempos de crisis como los que está pasando mi isla, tiempos en los cuales me ha tocado ser estudiante, me he visto obligada a cuestionar el verdadero propósito del sistema de educación y mi propósito con él. Me pregunto el por qué el sistema siente necesario distanciarnos de una realidad que nos pertenece, una realidad que día a día se esconde debajo de las calles y nadie la ve, nadie la busca… Ojalá algún día tenga respuestas.


*La autora es estudiante de 18 años ganadora del Certamen de Ensayos: Voces Juveniles. El Certamen formó parte de los eventos que sirvieron de antesala a la Cumbre Justicia Temprana, celebrada el 26 de abril de 2019 por la Revista Jurídica de la UPR. El Ensayo está publicado tal cual fue presentado para preservar el estilo e intención de la autora.

  1. SILVERIO PÉREZ, LA VITRINA ROTA O ¿QUÉ CARAJO PASÓ AQUÍ? 225 (2018) (énfasis suplido).
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